Salimos de Valencia un domingo a las 7 de la tarde. Trabajo obliga. Hicimos noche en Pamplona. Se nos hizo algo pesado después de un fin de semana de poco descanso. Por la mañana, allá a las 9 salimos hacia Saint Nazaire, donde recogeríamos nuestra autocaravana.

El coche iba cargado hasta los topes. La ranchera llena, las bicicletas en la baca y en el asiento de atrás las ruedas delanteras de las bicis. Después de una buena parada y comida en tierras francesas, un considerable atasco en las inmediaciones de Nantes y un mediodía muy lluvioso llegamos a nuestro destino.

Michel, el propietario de la autocaravana, nos esperaba en un centro de vacaciones. Nos explicó de pe a pa el funcionamiento y los entresijos de la Marano en un francés demasiado rápido para mis lentos oídos. Menos mal que Pablo controla mucho y además no tiene vergüenza ni la conoce, aunque en general, al hombre se le entendía bastante.

Trasladamos todos los trastos de nuestro coche a la AC. Pablo se encargó de las bicicletas y yo del interior. Me sorprendió la cantidad de trastos que caben en una AC. Conseguimos dejarlo todo bastante ordenado. Perfecto. Haríamos nuestra primera noche en ese Centro de vacaciones. Una sensación algo extraña, al menos contábamos con las duchas del centro y también los baños.

Por la noche, nuestra primera incursión en la Bretaña, eso sí, en nuestro propio coche. Piriac, un pueblecito con un puerto deportivo y bonitas casas decoradas con flores. Todo muy muy cuidado. Crepes, Galletes, helados enormes nos asaltaban por la calle principal, bulliciosa y amable. Al final nos decidimos por una pizzeria en la que un chaval se ganaba unas monedas tocando el piano.

Todo perfecto. La comida: muy buena, la bebida: muy cara. Petición musical: Casablanca.