Después de una buena ducha emprendimos la marcha. Buscamos una boulangerie para comprar el desayuno. Croissant, crepe y un pastel de manzana. Más adelante encontramos una zona de césped donde paramos a desayunar.
Vamos camino de Lorient, una base de submarinos de la II Guerra Mundial. Nos cuesta un poco encontrarla.
Es un lugar interesante que da dentera. Hay unos hangares enormes, donde se construían los submarinos. Grises, oscuros, gigantescos rematados por hormigón de hasta siete metros de espesor!! Enfrente, en el agua, restos de barcos hundidos ven pasar el tiempo.
Nos es imposible visitar el museo ya que no abren hasta las 13.30 horas. Otra vez será!
Pont Aven es nuestro siguiente destino. Cuna de artistas donde las galerías de pintura aparecen como setas. A ellas se unen unas tiendas en las que venden las auténticas galletas bretonas. No las probamos. 20 euros la caja.
Damos un paseo. Está muy cuidado, las flores son preciosas.
Siguiente parada: Concarneau, una ciudad amurallada.
Antes de entrar buscamos un restaurante. Buscamos uno de la guía pero estaba algo alejado. Nos sentamos en uno para probar les mules frites (cuencos con alrededor de 700 gramos de mejillones hechos con crema o al vapor acompañados de patatas fritas).
De paseo por Concarneau se divisan tiendas de ropa, recuerdos, heladerías, restaurantes y unas tiendas en las que se venden un montón de galletas y dulces con muy buena pinta. Por supuesto, picamos.
Es uno de los pocos sitios en los que había mucha gente.
Quimper. Es un día largo y caluroso y tal vez hemos sido demasiado ambiciosos. Nos dirigimos a Quimper, una ciudad relativamente grande, con una hermosa catedral y unas preciosas calles con casas de entramado de madera. Damos un paseo entre la gente y nos tomamos un café en una terraza para retomar fuerzas. Es muy bonito, tal vez mejor visitarlo más tarde. Fue de los pocos lugares en los que pasamos calor.
Buscamos un mercado para comprar algo de pan para la cena. Compramos una barra ancienne. Y tan ancienne, por la noche estaba duro como una piedra.
Nuestro objetivo es pasar la noche en Pointe du Raz, algo así como el Finisterre español. Llegamos con la tarde nublada y un viento que te corta la cara. Es un área en la que pagas para entrar; 10 euros si pasas la noche y 6 euros si solamente vas de visita. Paseamos hasta llegar a la punta en la que se divisa el viejo faro en el Atlántico.
Hicimos alguna foto con los móviles. Nos habíamos dejado la cámara en la AC...
Finalmente nos quedamos a pasar la noche con vistas a un acantilado. El viento golpeaba la AC y se agradecía el calorcito dentro de la autocaravana. Cenita y a dormir escuchando la lluvia sobre nuestras cabezas…
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