Por la mañana del sexto día nos acercamos al Forte La Latte. De ahí a St Briac Sur Mer. Aparcamos cerca de un parque. A pesar del mal tiempo bajamos las bicicletas. Visitamos Lancieux donde un enorme rastro (brocante) ocupaba las calles céntricas del pueblo.
Comimos una saucisse gallete. Unas galletes con salchicha, muy buenas, compradas en un puesto callejero con una humareda olorosa como mayor reclamo. Nos supo a gloria. Repetimos.
De ahí fuimos a la AC para ver las carreras de Fórmula1. Fue la única vez que vimos la tele.
De St Briac a Dinard. Paseo por el Pleno de luna, un paseo resguardado del viento que recorre la costa, desde donde se ven las piscinas de agua de mar y los barcos varados. Y las primeras vistas de un St Malo con cielo encapotado.
Las playas tienen mucha animación por las tardes. Con la bajada de la marea, las personas se adentran en la arena para bañarse, practicar windsurf o canoa o, simplemente, pasar la tarde.
La playa de Dinard tiene cierto parecido a la Concha de San Sebastián.
Compramos algunas provisiones y de ahí a nuestro siguiente destino: Dinan.
Dinan, a primera vista, tiene buena pinta. Ves primero el puerto fluvial. Aparcamos en una zona de AC, debajo del viaducto. Salimos a dar un pequeño paseo. Dinan te sorprende a cada paso. Es un pueblo precioso. Muy bien conservado. La zona de restaurantes en torno al puerto fluvial da paso, a través de una puerta de piedra o una gran escalinata al recinto medieval.
Vimos un restaurante, una moulerie con mucho encanto. No nos pudimos resistir. Nos quedamos a cenar entre otras cosas, mejillones. Cómo no.
A la salida nos sorprendió la lluvia y nos refugiamos en un wc público. Sorprende lo limpios que están y la cantidad que hay.
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