Durante la ducha antes del desayuno escuché a Pablo hablar con alguien. Ya tienes Crepes, me gritó desde la puerta.

Y es que una señora pasó por el área vendiendo Crepes faites a la maison. Un pedazo paquete de crepes me esperaba en la mesita del desayuno. Ummm

Abandonamos nuestra playa para dirigirnos a Tregastel, la costa de granito rosa. Enormes guijarros de granito repartidos por la costa. Cogemos las bicicletas para recorrer la senda de los aduaneros. Mansiones, bonitas vistas, en un entorno marcado por la bajada de las mareas con los barcos varados en la arena.

De ahí vamos a Ploumarach donde comemos las primeras galletes y sopa de pescado algo picante.

Las sendas por la costa son muy bonitas y vale la pena dar un paseo. El tiempo es cambiante. De pronto hace sol o pega un chaparrón. Un buen consejo es no dejarse nunca el chubasquero en la AC.

Nos dirigíamos a l’Arcouest. De camino visitamos Treguier. Iglesia gótica, cuyo campanario contiene figuras de las cartas de poquer haciendo alusión al modo en que se consiguió el dinero para acabar la catedral. En Paimpol compramos carbón para estrenar nuestra mini barbacoa. Bonitas vistas del océano.

Nuestro objetivo era visitar al día siguiente la isla de Brehat. A unos pocos metros de donde se coge el ferry para llegar a la isla hay un aparcamiento donde puedes pasar la noche. Hay zonas destinadas a las AC. Esa tarde estaba llena y la aparcamos en una zona que, como se ve en la fotografía, estaba reservada a los coches.

Justo antes de cenar, mientras leíamos un rato, se acercó un chico a decirnos algo. Vendía coquilles (algún molusco). Llevaba puesta una chaqueta del Alinghi. Resulta que había estado trabajando de submarinista en la Copa América en Valencia. Una casualidad. Hablaba bastante bien español.

Por la tarde noche emprendimos la aventura de la mini bbk. Verduras, brochetas… a fuerza de abanico español conseguimos que la cosa tirara. Cenita y a dormir.